MaximHogwarts
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The new hero...

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JiMe LuPiN
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SagitarioGallo
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MensajeTema: The new hero...   Vie Jun 20, 2008 6:49 pm

hola ^^

bueno, Cris...como me lo pediste, aca esta...pero no te rias! xD

Capítulo 1: Unos simples ruidos...

-¡Erick, levántate!-se escuchó una voz femenina.- ¡Apúrate o llegarás tarde!
Mientras, un joven abría los ojos.
Bostezó sin disimulo y se levantó de su cama, dirigiéndose al baño para cepillarse los dientes.
Se dio cuenta de que estaba hecho un desastre al ver quién le regresaba la mirada en el espejo.
Un muchacho de piel pálida, que contrarrestaba completamente con su cabello castaño claro (totalmente despeinado). Sus ojos, de un color café amarillento, estaban enrojecidos, producto de estar despierto hasta altas horas de la madrugada hablando con sus amigos por correo electrónico. Además de un cuerpo bastante musculoso para sus apenas cumplidos dieciséis.
-¡ERICK!-volvió a oír el grito de su madre y se apresuró, abrió el grifo y se empapó las manos. A continuación comenzó a intentar alisar su cabello, un cepillo hubiera sido más útil, pero estaba corto de tiempo.
Se vistió a la velocidad de la luz y salió de la habitación.
-¡E…!
-Ya estoy listo.-la interrumpió él, antes de que otro chillido le destrozara los tímpanos.
-¿No desayunarás?-preguntó su padre, mientras leía el periódico.
-Mamá dejo bien en claro que llego tarde al instituto.-explicó, sonriendo.
Lamentablemente, aún no tenía la edad requerida para tener un permiso para conducir. Así que, en lugar de ir en una flamante y veloz motocicleta negra como hubiera querido, tomó su bicicleta y se dirigió al colegio.
Unos diez minutos más tarde ya estaba en la puerta, y sus dos mejores amigos, Jonathan y Jennifer, lo esperaban en la puerta.
Ambos eran polos opuestos, uno con rizos negros hasta los hombros, alto y con una sonrisa pintada en el rostro. La otra, rubia y más baja, con cabello sedoso hasta la cintura.
-¿Por qué tardaste tanto?-le preguntó Jennifer, en cuanto guardó la bicicleta y llegó hasta ellos.
-Me quedé dormido.-explicó él.
-¿No conoces algo llamado despertador?-bromeó Johnny
-No lo necesitas cuando tienes a mi madre.-contestó Erick, cubriéndose los oídos.
Ambos se rieron.
-Ah, ahí está Kristen.-dijo el moreno, sonriéndole a su novia.-Nos vemos en clase.-les dijo a sus dos amigos y se marchó hacia una joven castaña.
-Últimamente está las veinticuatro horas con ella, ¿no?-dijo Jennifer.
-Sí, cierto.-respondió él.- ¿Qué hiciste ayer?-le preguntó, para abrir conversación.
-No mucho…ya sabes. Preparar la cena para los demás, limpiar la ropa de los más pequeños. Mi tiempo libre es el fin de semana.-contestó. Ella era huérfana, y el hogar donde vivía lo compartía con muchos más niños. Por lo que los mayores, ayudaban en las tareas para los más pequeños. Erick tenía cuidado al tocar el tema, pero ella ya estaba acostumbrada a hablar de ello y se encontraba feliz donde vivía.
-Ya veo.-se limitó a responder.
-Y…hablando del fin de semana…-agregó Jennifer, mirando el suelo.-Me gustaría ir de compras mañana…
El rostro del joven se ensombreció.
-No te preocupes.-lo tranquilizó ella.-No es el típico día en que la chica arrasa con medio centro comercial y el chico es la mula que lleva las bolsas. Sólo necesito un par de libros y…no sé podríamos ir al cine o comer algo por ahí…
-Ah.-respondió Erick.-Claro, Jenn, nos llenaremos de comida chatarra y nos burlaremos de las parejas de las películas.
Ella sonrió.
-¿Cuándo le digo a Johnny?-preguntó él- ¿Dijiste mañana, no?
-Eh…yo…-murmuró Jennifer, repentinamente contrariada.- ¿A Johnny?
-Claro, así saldremos los tres.-dijo, sonriente.
-Oh, sí, claro…avísale cuando quieras.-respondió, con una sonrisa pequeña y forzada.
Un estridente timbre sonó, por lo que los alumnos tenían que entrar a sus clases.
Ése día tocaba literatura. El profesor entró en el salón, mientras ellos tomaban sus respectivos lugares.
Como Jonathan ocupó lugar junto a Kristen, Erick se acomodó junto a Jennifer.
-Bien, muchachos.-dijo el profesor, dirigiéndose a todos.-Hoy haremos un pequeño repaso, para que recuerden lo fundamental. Ahora analizaremos los textos de aventuras, en éstos siempre habrá un héroe…-explicó, mientras escribía su última palabra en el pizarrón.-o protagonista, el cual debe cumplir una determinada misión. Siempre habrá obstáculos que se lo impedirán, pero, generalizadamente, el héroe siempre logra su objetivo.-hizo una pausa.-Bien, luego están los…
Pero Erick ya no lo escuchaba, su mente se quedó fija en una palabra: “héroe”, “protagonista”…
-¿Te ocurre algo?-le cuchicheó Jennifer.
-No.-respondió, automáticamente.-Sólo estaba pensando…en realidad…bueno, es una tontería.
-Oye, no quiero ser entrometida, pero pareces distraído y creo que algo te preocupa. Sólo me gustaría ayudarte, es todo.
Erick miró a su amiga directo a los ojos, antes de confesar:
-Es todo este asunto del héroe…yo…no puedo evitar pensar…que todos los tipos importantes de los libros, de las antiguas novelas de aventuras…hacían algo con su vida, revolucionaban, iban más allá de sus propios límites, aunque sólo sean personajes ficticios.-agregó, pensando mejor lo que decía.-Pero los sujetos que los escribieron, ya eligieron algo. Cuando no estén, el mundo tendrá sus libros para recordarlos, ¿Entiendes? Y…cuando pienso en ello, pienso que siempre seré lo mismo, Erick Colburn, un don nadie, un pobre diablo. Alguien sin importancia que nunca pudo lograr nada especial.
Jennifer le dirigió una mirada significativa, no sabía qué responderle.
Erick sonrió, avergonzado.
-Está bien, no me hagas caso, es una tontería, lo sé.
-No, no…no es una tontería. Es sólo que…no te preocupan las cosas superficiales como a todos los chicos de dieciséis…
Ambos se rieron.
-Lo sé. Pero ya me conoces, soy un bicho raro.
Hubo un breve silencio, en el que cada uno estaba sumido en sus pensamientos.
-No te preocupes por eso.-dijo la joven, inesperadamente, y él levantó la vista.-No sabes lo que harás en un par de años, tal vez te vuelvas doctor, o escritor, o pintor…o alguien tan importante que otras personas querrán hacer su biografía.
-Hey, sólo quería un consejo, no que me subas el ego.-bromeó él.
-Disculpa, pero…no eres un don nadie, desde que naces eres una persona importante. ¿Y…qué importa si un millón de pobres diablos en China o en Timbuktú no saben quién eres?-él se rió.-Las personas que realmente son importantes para ti, las que te aprecian de verdad, te recordarán, y te llevarán siempre consigo…-agregó, tomando su mano. Otro silencio se produjo, no un silencio incómodo como el anterior, era un silencio pacífico, simplemente no tenían más que decirse.
-Gracias, Jenn.-dijo Erick.
-Señor Colburn.-dijo una voz severa. Al levantar la vista, se dieron cuenta de que tanto el profesor como todos sus compañeros los miraban.- ¿Tiene algo interesante que compartir?
-No, señor.-respondió, después de aclararse la garganta. Soltó la mano de Jennifer y comenzó a escribir lo dictado hace unos segundos en la pizarra.

En lo que transcurrió del día no sucedió nada digno de mención.
Las clases finalizaron, el joven se despidió de sus amigos, tomó su bicicleta y partió hacia su hogar.
Iba sin prestar atención, estaba completamente sumergido en sus propias cavilaciones.
A pesar de que las palabras de Jenn le habían surtido efecto, aún estaba preocupado… ¿Siempre sería…nadie? ¿Una persona que nadie mira dos veces al pasar por la calle? ¿Alguien inútil e insignificante?
Entonces, algo interrumpió sus pensamientos, un destello azul se vio rápidamente entre los arbustos de una esquina, y las hojas se movieron…había algo detrás…
Sabía que podía ser un simple gato, o un perro, o unos niños pequeños, cualquier cosa, pero…igualmente no pudo evitar quedarse quieto, mirando las hojas, concentrado.
Lo que Erick olvidó es que si te quedas mucho tiempo parado sobre una bicicleta…
…ésta se cae.
Al cabo de unos segundos ya estaba en el suelo. Sintió una punzada en la rodilla, pero no le importó. Escuchó las bocinas de los demás autos detrás de él, pero no le importó. Sabía que su bicicleta, abandonada en la calle, podría ser atropellada de un momento a otro, pero tampoco le importo.
Su atención sólo la abarcaba el arbusto, al cual se dirigía cojeando ligeramente.
Se acercó, respirando por la boca, ¿Por qué le importaba tanto? ¿Por qué el simple hecho de que las hojas se muevan lo atraía de tal manera?
Igualmente, eso no era importante. Lo importante era mover las hojas…y ver qué había detrás…sin embargo, al inclinarse sobre el arbusto, no había nada.
Regresó con paso resignado a su bicicleta mientras los demás conductores lo insultaban. La rodilla aún le dolía, pensó en aplicarse hielo o alcohol al llegar a su casa.

El día había pasado sin más complicaciones, Erick rompió su propio record quedándose hablando con Johnny hasta las tres de la madrugada, por el ordenador. Hasta que su padre le dijo (de manera algo brusca) que se fuera a dormir.
Se recostó, somnoliento y comenzó a pensar en el día de mañana. Iría al cine con Jennifer y Jonathan…
Entonces, cuando estaba ya casi dormido, algo lo despertó. Un golpe, como el de un martillo, desde detrás de la pared de su cuarto.
Algo extrañado, el joven castaño se levantó y se acercó al muro. Lo palpó con los dedos, no había señal de haber sido golpeado.
Sin embargo, estaba seguro de haberlo oído…
Pensando que debía estar imaginándose cosas, volvió a recostarse en su cama y cerró los ojos sin preocupaciones.
Sin imaginarse que ese simple ruido desencadenaría todo una serie de hechos increíbles.
Que lo que menos hubiera imaginado pasaría sólo por ello…que esos ruidos… marcarían su destino.
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SagitarioPerro
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MensajeTema: Re: The new hero...   Vie Jun 20, 2008 6:53 pm

Joooooooooooooooooooooooo!!

Eso ya lo leí!!

Bruja!

Mortifaga!

Sinverwenza!

No tienes corazon!

Malvada Odish!

Bueno, yo se lo ke digo.

Sabes ke no me rio, es mas, me das envidia, escribes dpm,
mejor ke yo, seras... XD

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La muerte es el paraíso, pero ¿y la inmortalidad?
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DRACO & HARRY = LOS MEJORES!
MALO & BUENO

Soy cosa
.:Hago lo ke kiero:.

El odio inspira envidia, la envidia engendra rencor y el rencor genera mentiras.

La guerra de las brujas, yo soy Odish!! XD

Test:
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MensajeTema: Re: The new hero...   Vie Jun 20, 2008 10:15 pm

Nuevo fic de nuestra queridisima Jime!!
Como haces para escribir tanto?
o.O
Me gusta, es diferente a los demas, ^-^
Ya veremos que son esos ruidos... afro

_________________
Atte.
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Miembra sin verguenza de la Orden Severusiana
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MensajeTema: Re: The new hero...   Jue Jun 26, 2008 10:04 pm

jaja, no te creas que es tan facil, a veces se me acalambra la mano xD

Capítulo 2: Idioma desconocido.
El día siguiente amaneció algo nublado, frío, no precisamente el día ideal para ir al cine. Pero…ya tenían las entradas y Johnny y Jenn lo esperaban, ya no podía echarse para atrás.
Todo hubiera sido mejor si no se hubiera despertado media hora tarde.
Ya era la segunda vez que le pasaba. ¿Por qué siempre se despertaba a última hora?
Entonces, mientras intentaba calzarse los zapatos sin caerse, una visión interrumpió su mente.
Había un rostro, era un rostro femenino, sin duda, recordaba las finas facciones, la nariz respingada y puntiaguda, los labios finos y demasiado rosados. La piel clara, blanca, casi tan pálida como la suya propia. Pero cuando quería recordar los ojos, u otra parte de su cuerpo, una extraña neblina cubría sus recuerdos. ¿Desde cuándo no recordaba sus propios sueños? Luego ella hablaba, movía los labios, aunque no podía verle los ojos, recordó que estaba preocupada, lo sentía, sin embargo, su voz no se oía, al separar los labios, se escuchaban los incesantes golpes que había escuchado en la pared la noche, tan claros y fuertes como recordaba, no, más claros, como si los estuviera escuchando en ese preciso instante…
-¡Erick!-la voz de su padre lo hizo despertar de sus cavilaciones. ¿Por qué se hallaba entre los brazos del hombre?-Cuidado, hijo. Ayer te caíste de la bicicleta. Y ahora casi te caes al ponerte los zapatos. Presta más atención.
-Eh…sí, gracias.-respondió, dubitativo, y terminó de calzarse.
Tomó la bicicleta y salió hacia el cine.
Sus dos amigos se encontraban allí, como esperaba.
-Me quedé dormido.-jadeó, antes de que Johhny pudiera abrir la boca.
-Realmente se te está haciendo costumbre.-dijo Jennifer.
-Es que ayer me dormí tarde.-intentó explicar.-En fin, ¿entramos o qué?
-Sí, tienes suerte de que den muchos avances.-dijo el moreno, cuando se acercaron a la sala, y pudo escuchar claramente la publicidad de una nueva película.-Sino ya te habríamos abandonado.
-Con amigos así… ¿Quién necesita enemigos?-respondió, y los tres se rieron.
Hablaron animadamente hasta llegar a la puerta de la sala. La película era una de terror. De las típicas que te ponen los pelos de punta durante toda la función y te dejan pensando que sus personajes podrían entrar a tu dormitorio por la noche.
Sin embargo, cuando estaban apunto de entrar, una de las acomodadoras los detuvo.
-Lo siento, chicos.-les dijo.-Ya no hay lugar.
-Pero…tenemos las entradas.-le respondió Jennifer, sacándolas de su bolsillo.-Ya las pagamos, ya reservamos…
-Lo siento muchísimo, pero ya no hay lugares.
-Es decir que los lugares que reservamos están ocupados por otros.-dijo Erick.
-Si quieren pueden ir a la oletería y cambiar las entradas para otra película.-respondió, sin tomar en cuenta lo que acababa de decir-Pero en esta función es imposible. Lo siento.- se marchó, y los tres salieron, decepcionados. Estaban entre una comedia romántica sin sentido. O un documental histórico.
-En fin, tú eras el que quería burlarse de la pareja de la película.-dijo Jennifer, cambiando las entradas para ver la comedia.
-Olvídalo.-susurró, pero igualmente iba a verla, al menos pasaría el rato bromeando con ellos en el cine sin poner atención a la pantalla.
Pero entonces, algo lo tomó por sorpresa.
Vio la calle, vacía y solitaria, en la que caían inmensas gotas de agua debido a la lluvia. Lo tomó un deseo irresistible, uno que no podía controlar, tenía que acercarse.
Comenzó a caminar.
-Hey, Erick, ¿Adónde vas?-escuchó que preguntaba Jonathan. Pero ni siquiera lo oyó, ese impulso de ir a la calle lo obligaba a mover los pies, era insoportable, querer ir a un sitio, sentirse obligado a hacerlo sin saber por qué. Pero continuó su camino.
-Erick, olvídalo, sólo era una tonta película de terror, veremos otra.-gritó Jennifer a sus espaldas. No le contestó.
La lluvia caía sobre su cabeza y sus hombros, empapándolo por completo. Por Dios, era un diluvio. Los mechones de cabello mojado se le pegaban a la cara, mientras miraba un punto fijo en la calle, al que iba con paso rápido.
Siguió escuchando los gritos de sus amigos, pidiéndole que regresara. Y escuchó sus pasos amortiguados en el suelo mojado, lo estaban siguiendo.
-Adelántense. Vean la película, yo los alcanzo más tarde.-exclamó, para que ambos lo dejaran en paz. En ese momento, todo lo que le importaba era llegar allí, y ver que era esa cosa tan transcendental que lo llamaba y le ordenaba dirigirse a su lado.
Jenn y Johnny regresaron al cine, algo dubitativos.
Mientras sus pies continuaban moviéndose solos, él ya no tenía control sobre sus acciones. Tan súbitamente como empezaron a andar, se detuvieron, y tuvo que hacer un gran esfuerzo para no tropezar.
Al mirar alrededor se dio cuenta, estaba increíblemente lejos del cine, tanto que definitivamente tendría que regresar en taxi.
-Si es que regreso…-pensó, dándose cuenta de dónde estaba. Se encontraba en un callejón oscuro, y dos tipos con gorras (de modo que no podía ver sus rostros) se encontraban a escasos pasos de él.
Uno de ellos metió una mano en su bolsillo, y la sacó lentamente. No, sacaría una pistola, un cuchillo, de seguro. ¿Por qué tenía que haberse metido allí?
Hizo lo primero que le vino a la mente. Correr, salir huyendo, tan rápido como le permitieran las piernas.
Escuchó rápidamente como los pasos lo seguían, haciendo eco al levantar agua del suelo.
Apretó el paso, respirando agitadamente. ¿Cómo rayos se había metido en semejante lío? Ahora esos sujetos no se conformarían sólo con asaltarlo…lo matarían.
Algo en su interior estaba seguro de ello, no saldría de allí con vida. Ya hasta podía imaginar a Jennifer y Jonathan diciéndole a sus padres la terrible noticia bajo la lluvia…
Por todos los cielos, ¿Cómo podía estar pensando en su funeral en un momento así? Tenía que pensar en correr más rápido, en gritar, en buscar un sitio iluminado, en salvarse…
Oyó como uno de los hombres le decía algo a su compañero en una lengua extraña, sin dejar de correr.
En ese momento, dio un paso en falso, resbaló con el agua, cayó al suelo.
Profirió un grito ahogado, se había lastimado la espalda, vio a ambos delante de él, sintió como su corazón se paraba lentamente, moría del miedo.
Justo cuando el mismo hombre volvía a esconder su mano en el bolsillo, era su fin, no llegaría a contar la historia.
Cerró los ojos, mientras las gotas de lluvia caían con fuerza sobre su cara. Entonces, volvió a sentir ese deseo irracional, que le borraba todos los pensamientos de la mente y le daba una orden concreta, y era imposible no obedecer.
Tenía que decir unas palabras…las dijo, obediente, en un susurro, sin abrir los ojos.
Esperó a que el puñal le traspasara el pecho, o que una bala le atinara la cabeza, pero nada sucedió.
Agudizó el oído. Oyó una especie de música, y unas risas alejadas de él.
Era extraño, ¿Por qué pusieron música? ¿Por qué se reían? ¿Por qué ya no sentía la lluvia en su rostro, ni el viento congelándole el cuerpo?
Se arriesgó, abrió los ojos, y lo que siguió lo dejo sorprendido.
Tenía a Johnny a un palmo de distancia, mirándolo con expresión interrogante. Pudo ver que Jenn asomaba la cabeza detrás de él. Y voces de personas cuchicheando detrás de él, por su ropa mojada, y porque estaba tirado en el suelo de la sala de cine.
-¿Cómo entraste?-le preguntó su amigo.-No te escuchamos llegar. Y… ¿Por qué estás en el suelo?
-Eh…eh…-respondió, sopesando todo lo que acababa de ocurrir. ¿Cómo se transportó de un segundo a otro de la mitad de una calle a un cine que estaba a varias manzanas de distancia.
Dijo unas palabras…recordaba eso…pero ni siquiera sabía qué significaba lo que pronunció… no lo dijo en su idioma. Habló en una lengua extraña sin saberla…
Sin duda, estaba aterrado.
Se levantó y salió corriendo del cine sin hacer caso a las llamadas de sus amigos.
Esta vez sí lo siguieron, pero tomó su bicicleta lo más rápido que pudo y los perdió de vista en un parpadeo.
Mientras pedaleaba desesperado hacia la casa de sus primos (sabía que Jenn y Jonhhy lo llamarían a su casa, y podía inventar cualquier excusa para quedarse allí por sólo un día), pensó en esos dos tipos. ¿Quiénes serían? ¿Qué idioma hablaban? ¿Por qué querían hacerle daños? Sabía que era extraño…pero tenía la sensación de que no eran sólo ladrones…es como di fueran especiales por alguna razón.
-Debo ir al psiquiatra.-pensó, mientras se detenía frente a una casa iluminada.-No, mejor directamente al asilo mental.
Le sonrió falsamente a su tía mientras le inventaba que discutió con sus padres y si no podía quedarse por un día.
Ignorando completamente lo que su ausencia en su hogar causaba en otro lugar, sin saber que miles de seres sufrían que él no estuviera presente. En especial una…que casualmente era la única que había podido escapar.

OFF: oh, por Merlín, soy pesima para los nombres de los capitulos Sad Razz
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MensajeTema: Re: The new hero...   Vie Jun 27, 2008 3:51 pm

Genial... Idioma desonocido Jime!!
Como se llama?
Es... cual es ese de los soniditos, esta el braile para los ciegos y el... *Faby exprime sus neuronas*
...
Nada, xD
Aun asi me gusta, y esa fuerza toda atrayente... Twisted Evil
Cool
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MensajeTema: Re: The new hero...   Jue Jul 03, 2008 5:44 am

^^

Capítulo 3: Diana
Abrió los ojos de forma perezosa, no estaba acostumbrado a levantarse tan temprano.
Desayunó junto a sus tíos y primos, quienes, muy amablemente, no le hicieron ninguna pregunta sobre su supuesta pelea con sus padres. De lo cual estaba más que agradecido.
Igualmente, la noche anterior llamaron a su casa y avisaron a sus progenitores donde se encontraba.
Por lo que estaba seguro que al llegar a su casa le esperaba un sermón increíblemente extenso, más un castigo de varios días. Incluyendo lo que le dirían Johnny y Jenn.
Suspiró.
-Gracias por todo. Creo que volveré a casa.-informó, esbozando algo bastante similar a una sonrisa.
Tomó su bicicleta y salió, lo más lento posible, regresó hacia su casa. Tomando el camino largo.
Divisó la puerta de su hogar con terror y dejó su medio de transporte junto a la puerta.
Como supuso, no había dado dos pasos luego de abrir la puerta cuando sus padres llegaron.
-¡¿En qué pensabas?!
-¡¿No se te ocurrió decirnos nada?!
-¡¿Cómo que “pelea familiar”?!
-¡¿Por qué no volviste a casa?!
-¡Déjenme hablar!-exclamó, al ver que no tendría oportunidad de defenderse.- ¿Puedo explicarme?
-Más te vale…-dijo su padre.
-Bien…eh…cuando estábamos a punto de entrar al cine, creí ver su auto en la calle, así que fui pero…no me di cuenta que caminé demasiado y terminé en otro vecindario.-inventó, sin dar detalle alguno sobre la fuerza irresistible e inexplicable.-Luego…esos dos tipos me siguieron.
-¡¿Ladrones?!-chilló su madre, histérica.
-Lo más probable.-respondió Erick.-En fin, corrí de regreso al cine, entré en la sala y…estaba mojado, resbalé, terminé en el suelo. Allí me hallaron Jennifer y Johnatan.
Tuve miedo de decir que fui tan idiota como para terminar casi asaltado, y entonces…decidí pasar la noche en la casa de Anna…-agregó, pronunciando el nombre de su tía como cierre de la mentira.
Sorpresivamente, su madre lo abrazó.
-No sabes el susto que pasamos.-lo regañó, entre enfadada y aliviada.-No tengas vergüenza de haber corrido, mi amor. Era lo mejor que podías hacer. Ten muchísimo más cuidado la próxima vez, ¿si?
-Si es que hay próxima vez.-agregó su padre, severamente.
-Está bien, papá. Ya me esperaba que decidieran castigarme una semana. De acuerdo. Me declaro castigado, ¿Puedo ir a mi habitación?
-¡Logan!-le gritó su madre, indignada.-Después de todo lo que ha pasado. De el susto que sufrió. ¿No es suficiente ya?
Después de una larga pelea entre sus padres, en el que ninguno de los dos aclaró si podía irse o no a su habitación. Su padre murmuró a regañadientes:
-Bien, sin castigo.
Erick lo miró, anonadado por su buena suerte. Y, sin esperar confirmación, salió corriendo hacia su habitación.
Al abrir la puerta, pudo oír como el teléfono sonaba.
-Rayos…-murmuró, eran ellos. Lo sabía. Podría fingir que todavía no había llegado.
-Hablas con la casa Colburn. En este momento no estamos. Pero llama más tarde si quieres. Nos vemos.
Se escuchó el pitido de la señal de la contestadora, y luego un suspiro.
-Sé que estás ahí, Erick.-dijo una voz femenina. Era Jenn.
Rayos, ¿Cómo hacía para saberlo todo? No contestó el teléfono. Podría fingir que no estaba.
-Anda, ya estoy enterada de que volviste. No seas infantil y contesta el teléfono.
-¡No estoy! ¿Que no ves?-le dijo a la contestadora, se sintió un completo idiota apenas las palabras salieron de su boca.
Hubo un silencio prolongado.
-Puedo esperar todo el día, si quieres.-agregó Jennifer.
-Testaruda.-murmuró, mientras levantaba el auricular.
-Lo sabía.-dijo ella, triunfante.
-¿Quieres una medalla?
-Espera un minuto.-dijo la rubia. Se escuchó un ligero pitido, y no pasaron cinco segundos cuando oyó un “hola” de una voz masculina.
-Oh, vamos. ¿Se pusieron de acuerdo para darme un sermón?
-No, estábamos aburridos.-dijo Johnny.-Y pensamos: ¿A qué tonto podemos molestar? En fin, la respuesta salió por sí sola.
-Qué gracioso. Escuchen, lo del cine…no fue…no fue nada para…
-Sí fue algo para preocuparse.-lo interrumpió Jennifer.
-¿Me lees el pensamiento o algo así?-preguntó Erick.
-Fue muy raro, en serio.-continuó ella, sin hacer caso a lo que acababa de decirle.-Tenías una mirada extraña mientras caminabas, cuando nos dijiste que regresáramos, tu voz parecía ausente. Como si hablara otra persona…parecías una especie de zombi.
-O como si estuvieras poseído.-agregó Johnny.
-Bien…demasiadas películas de terror para una vida entera.-comentó, riendo. Pero sintió un nudo en el estómago. La descripción de Johnatan era más exacta. Era como si estuviera sonámbulo…poseído a una fuerza invisible e irresistible que sólo él sentía. En el momento era placentero. Pero ahora… lo aterrorizaba ese recuerdo.
-No fue nada, chicos. Sólo creí ver el auto de mis padres del otro lado de la calle.
-¿Por qué no nos dijiste eso en lugar de ignorarnos por completo?
-Ya sabes como soy, Jenn. No pienso demasiado. En realidad no pienso…-agregó, pero ninguno de los dos se rió. ¿La cosa de verdad estaría tan seria?-No pensé en explicarles todo, no quería que se perdieran la película, en fin…
-Entendemos.-dijo su amigo, en el acto.
-Jenn, ¿Hacemos las paces?-preguntó Erick.
Hubo un silencio breve.
-Bien…-dijo, dubitativamente.-Pero si vuelves a hacer algo así te golpearé con un bate de béisbol.
-Y yo no me opondré.-prometió el castaño.
-Oigan, tengo que irme. Los niños están volteando las macetas y ensuciando todo el suelo. Nos vemos el lunes.
-Adiós.-dijeron ambos, antes de escuchar como colgaba el teléfono.
-¿Te quedas?-preguntó Erick.
-No, yo también tengo que irme.-respondió Johnny.-Conéctate por la noche y hablamos.
-De acuerdo. Adiós.
Escuchó colgar a su amigo, se había salvado.
Se desperezó y se acostó sobre su cama, feliz de haberse salido con la suya al menos una vez.
-¿No saludas a tus invitados?-preguntó una voz femenina. Erick pegó un salto tal que toda la cama crujió, mientras los resortes se aplastaban nuevamente bajo su peso.
-¿Quién…quién…?-intentó preguntar, mientras recuperaba el aire.
La luz, que hasta ese momento había permanecido apagada, se encendió de la nada. Y el joven castaño dirigió una mirada hacia la puerta, donde se encontraba el interruptor.
Hubiera gritado, pero sus padres estaban abajo y se alteraban con facilidad. Por lo cual se tragó el grito lo mejor que pudo para convertirlo en un gemido ahogado que escapó por su garganta.
Frente a él, estaba la criatura más extraña que haya visto alguna vez.
Increíblemente delgada. Tenía un aspecto frágil, tanto que Erick pensó que al tomarla de la mano podría romperle los dedos. Tez blanca, un poco más pálida que él. Y en altura eran ambos bastante semejantes.
Pero eso no era lo que le sorprendía.
Su cabello de un tono azulado le caía de forma rebelde por los hombros y la espalda, hasta llegar a la cintura. Sus labios demasiados rosados dibujaron una sonrisa al verlo, mientras sus ojos, de un tono púrpura intenso, se posaban en los suyos con anhelo…
A pesar de los colores de su cabello y ojos no pudo dejar de notar lo hermosa que era, casi tan hermosa como él se imaginaba a las…
-Hadas…-susurró, mirándola nuevamente.
-Acertaste.-dijo ella, tenía una voz aguda, pero sin llegar a ser chillona, perfectamente nivelada.- ¿Así que tú eres Erick? Me llamo Diana.-agregó, sentándose a los pies de la cama. Él se alejó un poco. Aún no estaba del todo confiado.
-¿De veras lo eres? Bueno…es que yo creía que…las hadas eran pequeñas, con alas y…que emitían una especie de luz…
-Sí, y yo creía que los humanos usaban un traje verde, nunca crecían y podían volar.-contraatacó, con sarcasmo.
-Touché.-admitió Erick.-Pero…aún no entiendo mucho. ¿Qué haces aquí? ¿De dónde vienes? ¿Por qué me buscas a mí…?
-Porque, niño. Eres el único que puede ayudarme en estos momentos.-explicó, algo apesadumbrada. Él se acercó.-Vengo de Kandor…
-¿De dónde?
-Kandor. Anda, niño. Ahora me dirás que no lo conoces.
Erick se quedó mudo, y Diana abrió la boca de la sorpresa. Reluciendo unos dientes increíblemente brillantes con los que cualquier dentista soñaría tener. Hasta daban la impresión de que brillaban en la oscuridad.
-No puedo creerlo…pero si tú…creí que no sabías lo de su muerte pero…pero si tú eres el que sigue.
-¿Soy el qué?
-Escucha. Tu tatara, tatara, tatara abuelo reinaba en Kandor hasta hace un año. Oh, Erick, si sólo hubieras conocido esa época, era todo maravilloso. Las hadas, los elfos, los duendes y los magos vivían en paz unos con otros…nadie se discriminaba, ni se lastimaba, todos utilizaban su magia para el bien. Era el lugar ideal…-pareció sumida en sus recuerdos por unos momentos.- ¿Vas entendiendo?
-Supongo, aunque es algo difícil de procesar.
-Te entiendo. Bien, hace un año, tu tatara…tu ancestro murió.
-¿Cómo murió?
-En Kandor uno es inmortal, puedes vivir mil años sin ningún inconveniente. Sólo hay una forma de morir…que otro habitante te asesine.
Erick tragó saliva.
-Lo sé. Fue un hada macho. Sometió a todos. Reinó sin control…los elfos son sus esclavos, los duendes trabajan hasta caer rendidos, las hadas están encerradas y…los magos…-hizo una pausa, y miró a Erick directamente a los ojos antes de susurrar.-, están todos muertos.
El muchacho se estremeció. ¿De verdad debería creerle? Hasta ese momento esperaba que la chica se sacara los lentes de contacto y la peluca, mostrando ojos normales y cabello normal y gritara: caíste.
Era demasiado increíble para ser verdad…
-El traidor se llama Philippe, y es quien reina la tierra ahora. Hace poco, él descubrió que la única forma de cruzar la barrera entre Kandor y tu mundo es…-dijo, parándose.-Esto.-tocó la pared donde había oído esos ruidos extraños hace dos días. Por Dios, parecía que había pasado una eternidad antes de que hubiera soñado a Diana…
-Quiso atraparte. Esa vez que fuiste al cine, esos dos sujetos eran él y uno de sus secuaces más fieles, Patrick…-agregó, y su rostro se contrarió visiblemente al mencionar su nombre.-Él usó la magia para guiarte hasta el callejón. ¿Sentiste una fuerza? Es un hechizo, al que sólo las hadas y los magos tienen acceso. Cuando estaban apunto de atraparte, hice que dijeras las palabras adecuadas para transportarte de regreso al cine.
-¿Tú estabas ahí?-preguntó, sin creérselo.
-Claro que sí. Te estoy vigilando desde hace un buen rato.
Entonces, comprendió, como una película en su cabeza, qué era ese destello azul que estaba detrás de los arbustos.
-¿Por qué quieren encontrarme?-musitó, contrariado.
-Porque tu ancestro murió. En tu familia hay sangre mágica, Erick. Sólo que algunos la poseen y otros no. Él la poseía, y reinó de una manera excepcional durante años…y ahora…luego de revisar cuidadosamente a toda tu familia, de lo cual ya me encargué,-agregó, orgullosa de sí misma.- tú eres el único que tiene magia en la sangre. En las venas, en el alma. Tienes un increíble potencial por dentro. Erick…eres el único que puede salvarnos…


Última edición por JiMe LuPiN el Sáb Ago 09, 2008 10:57 pm, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: The new hero...   Vie Jul 11, 2008 12:35 pm

Ola wapisiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiima!!!!!!!!!!

Tu historia esta ke te cagas... Es buenisima!!

Y Faby tiene toa la razon del mundo, escribes un monton, me quede ensimismada leyendo y casi me como el ordenador de la
intriga, como lo dejas asi?¿

No se cuando lo voy a volver a leer, asi ke.. tu actualiza muxo, ke yo me pasare.

Faby, me encanta tu firma, la de no se ke de sinverguenza snape o algo asi XD
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La muerte es el paraíso, pero ¿y la inmortalidad?
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MensajeTema: Re: The new hero...   Miér Jul 23, 2008 10:27 pm

aiii, gracias Cris!! ^^

espero que te puedas conectar pronto...

Capítulo 4: Huyendo
-¿Có…có…cómo que salvarlos? Yo…-musitó, como en shock. Apenas estaba saliendo de un problema para meterse en otro de proporciones mucho más agigantadas.-Yo no tengo madera de héroe…
-La tienes.-lo cortó ella.-Sólo que aún no te das cuenta.
-Me elijes por mi familia, por mis parientes. Puedo ser un completo fracaso y tener un ancestro mágico al mismo tiempo, ¿verdad?
-Por supuesto.-respondió Diana, haciendo que él se sintiera un poco más aliviado.-Igual que tu padre, y su padre y el padre de él.-continuó.-Y una larga lista le continúa. Pero tú…tú naciste diferente, tú…
-¿Es algo en mis genes?
-Más profundo, mucho más profundo…es algo en tu alma.
-El alma es muy abstracta.- le replicó él.
-Pero sabes que existe, y tú tienes un alma valiosa y dotada en cierto caso.
-Es decir…que soy un… ¿Pre-hada?
-Un pre-mago para ser más precisos. Serías el único mago con vida en más de diez años.
-Eso no me emociona demasiado.-respondió, pensando por cuánto tiempo podría durarle ese título.
-¿Por qué eres tan difícil?-le dijo el hada, con los dientes apretados.
-¿Yo? ¡No es un tema muy fácil de interpretar por si no te das cuenta! ¡Un día estoy en el cine con mis amigos y al otro soy el único salvador de un mundo mágico!
-¡Toma conciencia de tu responsabilidad, niño!-rugió ella, con su aguda voz.
-¡No tengo responsabilidades!-gritó, dándole la espalda.- ¡Tengo dieciséis años, mi única preocupación debería ser buscar una novia!
-Ambos sabemos que no eres tan superficial…-respondió, bajando el tono de voz.
-No iré a tu loca tierra inventada.
-¡No es inventada!-gritó, perdiendo por completo la paciencia.-¡Y no soy una fugitiva de un loquero con el cabello teñido! ¡Soy-un-hada!-dijo, separando las palabras y pronunciándolas con lentitud, aunque con un tono fuerte.-¡Y tú eres un mago en potencia…!
-¡NO LO SOY!
El grito, más potente de lo que nunca había escuchado, salió de la boca de Erick casi empujado por sus propias inseguridades. Miró a Diana a los ojos unos segundos, antes de escuchar pasos subiendo las escaleras.
-Escón…-murmuró, volviendo la vista hacia la puerta. Por donde alguno de sus padres iba a entrar en cuestión de segundos.-…dete.-terminó, al darse cuenta de que Diana ya no estaba antes de que pudiera terminar la palabra.-Bueno…al menos si me convierto en hada seré más veloz.
-Mago.-lo corrigió la voz de ella, en un susurro. Erick miró hacia atrás, pero no pudo adivinar con exactitud de qué lugar provenía su voz.
Su padre entró con cautela dentro de la habitación, y, al ver a su hijo parado con cara de susto en medio de ella, sus sospechas fueron confirmadas.
-¿Ibas a escaparte para ir con Jennifer y Jonathan?-inquirió, frunciendo el ceño.
-¿De dónde sacó esa tonta idea?-pensó Erick.
-No, papá. Un hada entró en mi cuarto.-respondió, con ironía. Al instante recibió una patada en el tobillo. ¿Diana se encontraba debajo de la cama?-Sí, estaba hablando con ellos por teléfono.
-Más bien estabas gritando.
-Querían que fuera a un concierto de una banda que odio. No iría allí ni aunque me pagaran un millón de dólares. Insistieron tanto que tuve que gritarles de una buena vez.
-Bien…pero no saldrás de la casa. ¿Verdad?
-Por favor, papá. ¿Y la confianza en tu único hijo?
-Desapareció hasta que mi hijo se comporte de una forma madura.-respondió Logan, con voz potente, mientras se cruzaba de brazos.-Buenas noches.-finalizó, y salió con lentitud de la habitación.
-Eres un tonto…-murmuró el hada, mientras aparecía junto a Erick en un abrir y cerrar de ojos.
-¿Por qué?-respondió, sonriendo.
-No, papá, un hada entró a mi habitación.-citó ella.
-Vamos, ¿Realmente pensaste que iba a creérselo?
-Igualmente, casi haces que mi corazón se detenga. Y aquí sí puedo morir.
-Gracias por el dato.-dijo él, extrañado por su comportamiento.-Fue una broma.
-Ninguna broma puede…-comenzó Diana, pero luego, sus ojos lavanda se abrieron desmesuradamente y su boca quedó entreabierta.
-¿Diana?-preguntó Erick, acercándose a ella.-Diana.-repitió, pasándole una mano por los ojos.
-No puede ser…-murmuró, mientras volvía un poco a la realidad.
-¿De qué estás…?-empezó él, colocándole una mano sobre su hombro, pero ni siquiera llegó a rozarlo cuando notó que ella había desaparecido.
Ahora se encontraba con la oreja pegada a la pared de su cuarto.
-¿Qué estás haciendo?
-Shh…-dijo ella, palpando el muro con los dedos.-Rayos…-agregó, en voz tan baja que Erick casi no pudo oírlo.-No puedo creerlo… ¿Por qué justamente ahora?
-¿Justamente ahora qué?-inquirió el joven, comenzando a asustarse.
Entonces, se dio cuenta del forcejeo que ella realizaba para salir de al lado de la pared…su mano izquierda había quedado adherida a ella.
-¿Cómo…cómo ocurre eso?-preguntó el castaño.
-¡Suéltame!-le exclamó ella al muro, intentando librar su mano con desesperación.- ¡Déjame en paz!-luchó de tal manera que después de unos instantes ya estaba liberada.
-¿Me explicarás qué ocurre aquí?-preguntó él, ya había perdido la paciencia.
-Nos vamos.-explicó Diana, llegando a su lado con rapidez.
-¿Qué? Claro que no. Yo me quedo aquí.
-No hay tiempo para discutir, es más grave de lo que crees, Erick. Tenemos que irnos.-sus potentes y penetrantes ojos taladraban su mirada con desesperación.-Te juro que te explicaré todo más tarde.
-De verdad eres muy buena actriz…
-Bien, ¿Estás tan seguro de que estoy fingiendo? Nos vamos.-rugió, encolerizada y tomó su muñeca con una fuerza increíble para su pequeña contextura.
Erick acercó su mano para retirar la de Diana pero, de un segundo a otro, se dio cuenta de que sus pies ya no tocaban el suelo…
Estaban volando, y lo único que evitaba que cayera al suelo era el contacto de Diana.
-¿Ahora sí crees en las hadas?
-¡Suéltame!-exclamó, con voz ahogada.
-¿Y que termines muerto? Sí, claro.-respondió, con ironía.-Y deja de retorcerte o te caerás.
Él lo intentó, pero se resbalaba. Por supuesto que nunca había probado volar ni mucho menos, a menos que estuviera pensando en la forma más rápida de acabar estampado contra el suelo.
-¡Sólo desciende!-volvió a gritar, mientras el viento le daba de lleno en la cara.
-Hay mucha gente. Además, aún no estamos lo bastante lejos…
-¿Cuándo dejarás de querer ser misteriosa y me explicarás lo que está pasan…?
Pero no pudo terminar la frase, pues se resbaló de tal manera que su contacto se rompió y Erick comenzó a caer con rapidez.
-Humanos.-murmuró Diana, rodando los ojos, y voló en picada.
Tomó a Erick justo a tiempo por los dos brazos, estaban lo bastante alto como para que otras personas no los vieran.
-¿Y tú, cuándo dejarás de ser tan desconfiado y esperarás mi respuesta cuando estemos más lejos?
Él sólo le frunció el ceño, antes de que siguieran con el incómodo viaje.
Cuando al fin pudieron descender, lo hicieron en un barrio desolado, el que Erick nunca había visto.
-¿Dónde estamos?
-En un lugar seguro.-se limitó a responder.- ¿Qué? ¿Teñirse el pelo es un crimen?-le preguntó, ceñuda, a una mujer que la miraba con desconfianza mientras caminaba.
-¿Me darás las respuestas?
-Con gusto. Philippe estaba a punto de entrar en tu cuarto.
-¡¿Qué?!-exclamó, sin atreverse a creerlo.- ¡¿Y tú lo dejaste entrar mientras mis padres estaban del otro lado de la habitación?!
-Erick, cálmate…
-Dices que su rey es un hada homicida y psicópata, que podría estar matando a mis padres en este momento… ¡¿Y tú quieres que me calme?!
-¡No podemos asesinar a los humanos! ¡Lo tenemos prohibido!-le respondió, con dureza.
-Claro, pero quieren matarme a mí. ¿O no?
-Tú-eres-un-mago.
-Pre-mago.
-Da igual. No eres totalmente humano, por lo que pueden matarte con suma facilidad. Tus padres estarán seguros…
-¿Y mis amigos?
-También.-le aseguró.-Ahora… ¿Otra pregunta que te inspire curiosidad?
-Demasiadas.-respondió, con la mente abrumada.-Pero vamos a un lugar más íntimo, todos nos están mirando.-agregó, al notar la certeza de sus palabras.
-Muy bien, entra.
No se dio cuenta de que estaban en la puerta destartalada de un bar hasta que Diana giró la perilla.
El joven entró con pasos cautelosos, viendo con aprensión a los hombres demasiado grandes y fornidos que bebían, gritaban y reían a viva voz.
Tomó asiento en la última mesa, contra el rincón, esperando a su compañera, quien desprendió muchos silbidos de los hombres mientras llegaba hasta él.
Ella sólo rodó los ojos.
-¿Qué es este lugar?
-Es el lugar más alejado de tu casa. Hay un departamento desabitado que renté cerca donde te quedarás hoy.
-¿Y luego?
-Luego vendrás a Kandor conmigo.-respondió, con seguridad, como si hubieran acordado pacíficamente todo el asunto.
-No voy a ir.
-¿Por qué no?
-Porque es una locura.-respondió, frustrado.-Podría terminar muerto, o herido o…podría hacer que tu mundo termine peor de lo que está ahora.-agregó, con la voz entrecortada.
-Dudo que pueda estar aún peor que en este instante.
Luego de esa frase ambos crearon un silencio triste e incómodo. Que sólo fue interrumpido por la camarera, quien miró al resto de su clientela con expresión molesta.
Les dirigió una mirada sin mucho interés.
-¿Van a ordenar algo?
-No, nada.-dijo Diana.
-¿Y tú?-preguntó, volteándose hacia Erick.
-Agua.-respondió, distraído.
Mientras la joven se iba y regresaba a los pocos segundos con el vaso de agua, su mente trabajaba a toda velocidad.
-¿Por qué mantienen prisioneras a las hadas?-preguntó, súbitamente. Picado por la curiosidad.
-Les dan dos opciones: o servir o perecer. La gran mayoría elije la segunda opción aunque sean incapaces de hacerlo. ¿Crees que hay algo peor que morir de hambre o sed?-le preguntó, en un susurro apenas audible por los aullidos de los hombres alrededor.-Es saber que no puedes fallecer. Es sentir la desesperante necesidad de comer, beber, de ver como te conviertes en piel y hueso…Y no poder morir.
Erick tragó saliva, mientras un apretado nudo se formaba en su estómago.
Se sentía insensible, egoísta, inhumano…sólo por querer protegerse a él los seres del mundo de Diana sufrían las consecuencias, observó su vaso de agua…y no pudo evitar pensar en cuántas hadas frágiles y delgadas como la que tenía en frente se matarían entre sí por conseguir una gota de esa agua…
Apartó la vista.
Continuaron sin decir nada unos instantes. Hasta que Erick consultó su reloj de muñeca…Rayos, ¿De verdad habían sido “instantes”?
No, habían pasado dos largas horas sentados en silencio, y el joven aún no reaccionaba.
-¿Estás cansado?-le preguntó Diana, entre bondadosa y preocupada.
-Claro.-pensó él.-El haber estado dos horas sin hablar debió haberle hecho pensar que soy una especie de loco.
-Un poco.-dijo por fin, con voz ronca.
-Bien…-le respondió, levantándose.-, creo que ya es tiempo de que vayamos al apartamento del que te hablé. Descansaremos un poco y mañana…
-Dime que la última parte es negociable.
Diana lo fulminó con la mirada.
-Me temo que no.-dijo, con dureza.
Erick suspiró, mientras salían como podían del bar atestado de gente.
A fuera llovía, por lo que se apresuraron, chorreando agua, hasta llegar al edificio donde pasarían la noche.
-Hogar dulce hogar.-comentó Erick, al ver la ruina que era el pequeño apartamento y el olor a humedad que tenía.
-De acuerdo, no es cinco estrellas. Pero por lo menos estarás a salvo.
-Sí…hasta mañana.-comentó, suspirando de nuevo.
-Erick, no morirás. No puedes morir.
-Morir es lo último que me preocupa.-respondió, atravesando la habitación, entrando a otra y sentándose en una cama, Diana lo siguió.-Lo único que carcome mi cerebro son mis seres queridos. ¿Y mis padres? ¿Y mis amigos? Tal vez ahora no les hagan daño, porque aún no soy una amenaza, pero… ¿Y si realmente me vuelvo un peligro para Philip cuando vaya a Kandor? ¿Si realmente tengo oportunidades de ganarle…tú crees que jugará limpio?
Ella, para su sorpresa, sonrió de lado y se sentó junto a él.
-No, no lo creo.-admitió, con franqueza. Y Erick escondió el rostro entre las manos.-Aunque…hay una forma de detenerlo…-murmuró, pensativa.
-Dímelo.-respondió, desesperado.
-Lo haremos mañana…primero tenemos que asegurarnos de que Philippe haya atravesado el portal, se haya ido a Kandor. Y luego, cuando nosotros entremos…
-¿Si?
-Podemos cellar el portal.
Erick repasó mentalmente las cuatro palabras que Diana había pronunciado una y otra vez con suma lentitud, antes de responder:
-¿Cómo?
-Hay muchas formas. Philip no lo ha sellado porque aún no te encontró, y no sería nada conveniente para él quedarse atrapado aquí.
-Bien…si es necesario, lo haré.-respondió, decidido. Aunque la voz le temblaba…nunca volvería a ver a su familia, ni a sus amigos…
-Sólo quiero dormir.-murmuró, sin deseos de hacer nada, ni siquiera de hablar.
-Te entiendo.-dijo ella, con suavidad, y tomó su mano. Era increíble como hace unas horas estaban gritándose el uno al otro.-Lo siento, Erick. Sé que es injusto y peligroso…y deprimente. Pero es lo único que podemos hacer.
Él sólo asintió con la cabeza, resignado.
-Si te hace sentir mejor…yo estoy en una situación similar. Toda mi familia está encerrada y dominada por un cruel tirano. Sólo yo y mi prima pudimos escapar, y fue gracias a mis padres que nos obligaron a irnos en el último momento…-Erick la escuchaba, ensimismado, aunque sin mirarla a los ojos. Apretó más su mano.-Antes de que los demás llegaran y los encerraran, mientras nosotras volábamos lejos, sin poder mirar hacia atrás. Mientras los inmovilizaban y los llevaban a las celdas…-él pensaba que su voz se quebraría tarde o temprano. Sin embargo, Diana estaba calmada, aunque el tono deprimente y melancólico se palpaba en su voz.-Estoy alejada de mi familia y amigos, igual que tú.
Otro silencio volvió a formarse, hasta que Erick lo rompió.
-Eso no me hace sentir mejor. Es mucho peor saber que las vidas de todas las personas que acaban de decir dependen de mí cuando en este momento apenas puedo mantenerme en pie…No creo que pueda hacerlo.
-Yo te ayudaré.-le prometió, sonriéndole con tristeza.
-Gracias.-murmuró, y le dio un corto beso en la mejilla.-Pero eso no ayuda mucho, nunca los veré otra vez…
El muchacho se recostó sobre la cama, mientras Diana se levantaba y le frotaba el brazo izquierdo.
-Descansa.-se limitó a responder, antes de salir de la habitación.
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JiMe LuPiN
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MensajeTema: Re: The new hero...   Dom Ago 17, 2008 12:53 am

Capítulo 5: Adiós
Aunque intentó con todas sus fuerzas no pudo dormir esa noche.
Y en realidad no le sorprendía, ¿Cómo quieres dormir cuando sabes que al día siguiente serás separado de todos tus seres queridos?
Seguía mirando el techo con los pensamientos en su casa, en sus padres, en Johnny y Jenn.
Lanzó una mirada a un sofá cercano. Donde Diana estaba durmiendo.
Si se fuera, si saliera rápido y en silencio…tal vez ella no se daría cuenta.
Se levantó de la cama con extremo cuidado, midiendo cada movimiento. Cuando se levantó, intentó ser sigiloso en cada paso, y por lo visto lo consiguió, ya que seguía escuchando la respiración acompasada de Diana entre la oscuridad.
Obviamente, la puerta estaría cerrada…Pero, a estas alturas, ¿Por qué no salir por la ventana?
Estaba a punto de treparse, ya se sentía con una libertad indescriptible, cuando escuchó algo:
-Sabía que tratarías de huir.
La voz de Diana lo sobresaltó de tal forma que soltó el marco de la ventana y se cayó.
Pudo escuchar la risa del hada detrás de él.
-¿Cuánto llevas despierta?-preguntó, más bien gruñó, algo avergonzado.
-Lo suficiente.-respondió, con una mueca irónica.-No me dormiría pensando que podrías escapar.
-Nunca dejas un trabajo a medias…
Ella le sonrió, antes de volver a cubrirse con las sábanas y darle la espalda.
Erick suspiró y dirigió su mirada a la ventana por la cual nunca escaparía... Pero ahora estaba… ¿Cerrada con seguro? Genial, ahora definitivamente era un rehén.
-Sabes…no sé cómo funcionan las cosas en Kandor.-murmuró, mientras volvía a recostarse en la cama resignadamente.-Pero aquí, el secuestrar a alguien no se considera algo bueno.
-Podría considerarse si el secuestrado puede salvar un mundo. Pero, como es un tonto que no distingue su propio poder, no lo sabe.
-Ten en cuenta que el secuestrado ha pensado durante toda su vida que la magia sólo existía en los cuentos infantiles. Y si un hada nada discreta se le presenta y le ruega que salve a un mundo que él nunca conoció… ¿Crees que sería algo fácil?
-¿Y crees que sería algo fácil para el hada saber que su familia se está muriendo en su mundo?-no había ni una pizca de gracia en sus palabras. Hablaba con una brusquedad que él nunca había oído.- ¿Que la única forma de salvarlos está en un mocoso irresponsable?
-Tal vez no te pusiste a pensar en lo que siente el mocoso irresponsable respecto a eso. En que todo recarga sobre sus hombros cuando apenas se entera de un nuevo mundo.-ninguno de los dos se habían dado cuenta de que estaban gritando.
-¡Tienes que ser muy ingenuo o muy tonto si crees que dejaré que mi familia y amigos sufran eternamente sólo porque eres un egoísta!
-¡Yo no soy egoísta! ¡Tú lo eres conmigo! ¡Sólo piensas en tu condición!
-¡No vamos a seguir discutiendo esto!-exclamó, demasiado fuerte. Su voz perfectamente equilibrada esta vez se tornó ligeramente más aguda.-Buenos noches.-agregó, bajando increíblemente el tono de voz, esta vez susurrando.
-Diana…
-Buenas noches.-repitió, y se acomodó en el sillón, no le dirigió la mirada una sola vez desde que se había levantado para huir. Y eso, sin duda alguna, era lo peor de todo.
Hubiera preferido mil veces que sus ojos púrpura lo taladraran de odio antes de que lo ignoraran, como hacían ahora.
Sin embargo…pronto sintió que sus párpados se cerraban, no se había dado cuenta de lo cansado que estaba. Bostezó con pereza.
-No quiero dormir.-le murmuró a Diana como pudo, sabiendo que ella era la causante de su cansancio. El sueño lo estaba venciendo, podía ver como la habitación desaparecía frente a sus ojos.
-Y yo no quiero oírte.-le respondió el hada. Antes de que el joven cayera rendido sobre el colchón.

Durmió horas, lo sabía, lo sospechaba, era lo lógico…y sin embargo, toda la larga noche se le redujo a segundos cuando Diana lo sacudió suavemente indicándole que se levantara, pero sin dirigirle la palabra.
Ambos salieron del hotel luego de unos minutos, siempre juntos, pero sin hablarse.
Por supuesto, no va a dejar que me escape…pensaba Erick en todo momento, cada vez que planeaba algún plan para escapar de ella.
Seguían caminando por las calles vacías y húmedas por la lluvia de la noche anterior. Por la cabeza del joven surcaban mil pensamientos. Tenían que ir a Kandor, ¿No? Y tenían que atravesar el portal, ¿No es así? Y el portal se encontraba en su cuarto, ¿Cierto?
Bueno…al menos podría saludar por última vez a sus padres y escuchar sus regaños por dormir fuera de casa antes de irse para siempre.
Ya habían pasado los departamentos y el bar, y cuando Diana lo tomó fuertemente del brazo sabía lo que iba a seguir…
Tragó saliva.
-¿No podemos ir caminando?-murmuró, tartamudeando. Y rompiendo su pacto de silencio.
El hada se encogió de hombros.
-Como quieras.-le respondió, sin prestarle atención.
Erick suspiró aliviado y siguió caminando. No se dio cuenta de que Diana se quedó detrás de él. De cómo sorpresivamente se abrazaba a su cintura y como sus pies soltaron el suelo.
-Maldita sea…-murmuró, mirando como todo empequeñecía debajo de sus pies.-Sabía que jugarías sucio.
Ella sólo rodó los ojos, mientras el castaño evitaba con todas sus fuerzas mirar hacia abajo.
En unos cuantos minutos estuvieron frente a la puerta de la casa Colburn.
Entraron, con la mayor delicadeza posible, por la ventana y Erick se soltó de Diana tan repentinamente como si le hubiera dado una descarga eléctrica.
-Bien…quiero suponer que te quedarás aquí mientras yo me aseguro de que Philippe no esté por la ciudad para que podamos sellar el portal con completa tranquilidad. ¿Verdad?
-No tengo otra alternativa.
-Ésa es la actitud que estoy buscando.-respondió, sonriendo. Él no le regresó la sonrisa. Diana suspiró.- ¿Sabes qué? Olvídalo, te veo luego.
Diana desapareció por la ventana, mientras Erick se sentaba en su cama.
Cuando estuvo seguro de que ella ya no podía verlo, salió de su habitación prácticamente corriendo.
Encontró a sus padres en el comedor, su padre leía el periódico, y su madre le hablaba de algo a lo que Logan no prestaba atención.
-¿Mamá? ¿Papá?-dijo Erick, tímidamente.
-¿Qué sucede?-preguntó su madre.- ¿Te sientes bien, hijo? Dormiste hasta muy tarde, llamé a la puerta de tu cuarto para preguntarte si querías desayunar, pero estaba cerrado.
-Sí…es que me dolía un poco la cabeza…no quería levantarme tan pronto.
-Bien…lo bueno es que es domingo. ¿Tienes tarea?
-Eh…-murmuró, tratando de entender las palabras de su madre. Entre todo lo sucedido había olvidado por completo la existencia de las cosas simples, como la escuela.-Sí, creo que tengo algo de literatura…
-¿Por qué no comienzas ahora?-le preguntó su madre, sin darse cuenta lo distraído y abrumado que estaba su hijo.-Así tendrás la tarde libre…por si quieres salir o…
-Sí, supongo que haré eso.-contestó, sonriéndole. Ella, algo confundida, le regresó la sonrisa, antes de salir de la habitación. Erick pensó que un abrazo o un “adiós para siempre, madre” sería algo increíblemente dramático por no contar ridículo y propio de una película sentimental barata…
Se acercó a su padre, quien seguía leyendo el periódico, impasible, al parecer sin notar su presencia.
Se sentó en la silla contigua, a esperar a que reaccione.
No sabía con exactitud qué decirle, no podía despedirse…Pensó en el día siguiente, cuando sus padres se dieran cuenta de que su hijo ya no estaba.
Imaginó letreros con su rostro por las calles y policías investigando su caso.
Dibujó en su mente a sus dos mejores amigos corriendo por las calles y gritando su nombre.
-Erick, ¿Qué te ocurre?-le preguntó su padre, con esa voz grave y profunda tan característica en él.
-¿Qué?-murmuró, sorprendido de que el hombre se diera cuenta tan rápido de que algo no andaba bien.- ¿Qué podría pasarme?
-Te conozco, te retuerces las manos y miras al suelo. Sólo haces eso cuando estas nervioso.
Dándose cuenta de lo que hacía, soltó sus manos y las guardó en sus bolsillos.
-¿Qué te pasa?-insistió, esta vez bajando el periódico y mirándolo a los ojos.
-Es que…-pensó, pensó en cómo reducir la historia a una frase, pensó en qué excusa inventar, pensó en decir la verdad…y en mentir de nuevo.-Es complicado.
Logan se mostró más interesado.
-¿Qué tanto?-sus ojos claros la miraban con intensidad, por debajo del perfectamente arreglado cabello negro.
-Es…-estuvo a punto de soltarlo todo, de sus labios ya iba a salir el nombre de Diana, cuando, en el último momento, dijo…-No te preocupes, no es nada importante.
-Para tenerte así dudo que sea algo sin importancia.-nunca lo había visto tan interesado en alguno de sus problemas.-Puedes decírmelo….
-Eso crees tú.-respondió, intentando sonreír.-Pero no. No puedo.
El hombre bajó la mirada, y su hijo se sorprendió, ¿Se habría dado por vencido tan rápido?
-Erick…-dijo, con suavidad.- ¿Se trata de…?-pero, por alguna extraña razón, no terminó la frase. Y un silencio sepulcral respondió a sus palabras.
¿Su padre lo sabría? ¿Sabría sobre Kandor…y sobre Diana?
-No.-pensó, intentando convencerse a sí mismo y serenarse un poco.-Debe estar imaginándose que es un problema con las chicas o algo así.
Definitivamente, no quería pasar más tiempo con Logan. Se sentía incómodo y…en su interior estaba aterrorizado por si de verdad sabía su secreto…
-¿Puedo ir a ver a Johnny y Jenn?-preguntó, sin esperanzas. Quería hablar con sus amigos antes de irse.
Cualquier domingo normal, el mayor hubiera dicho “es muy temprano para salir”, “quédate en casa y ve a estudiar” o, en su defecto, “lo pensaré…”.
Sin embargo, esta vez dijo:
-Sí, claro. Vuelve temprano.
Erick, sorprendido, dirigió una última y breve mirada a su padre antes de levantarse y salir de la casa.

Sabía que no debía alejarse, pero Diana no tenía por qué enterarse.
Además, si ella iba a llevarlo de rehén a su mundo, lo menos que podía hacer era complicarle un poco las cosas.
Llegó a un edificio alto y gris al poco tiempo, Jennifer sólo vivía a unas cuatro calles de él.
Siempre le pareció que la personalidad de su amiga contrarrestaba completamente con el aspecto de su “hogar”.
Se acercó corriendo hasta la puerta, no sabía cuánto tiempo le llevaría a Diana recorrer toda la ciudad en busca de Philippe, por lo que decidió acelerar el proceso e intentar despedirse rápido.
Lo recibió la señora Green, la dueña del orfanato, igual que siempre.
La mujer tenía el cabello castaño con canas ajustado en un rodete y ojos negros y vigilantes, pero era dulce una vez que la conocías.
-Lo siento, Erick.-dijo la mujer.-Pero Jennifer dijo que se sentía mal y se recostó. No podrás verla.
Eso no lo contentó, si tenía que despertarla lo haría, quería despedirse de ella.
-En serio, es importante…-dijo, suplicante. Pero no convenció a la señora.
-De verdad, estuvo estudiando todo el día. Tiene que descansar un poco. Además, mañana la verás en el colegio. Anda, vuelve a tu casa.
-Pero…pero…
-Vamos. ¿La quieres tanto que no puedes estar un día sin verla?-le preguntó, guiñándole un ojo. Él se sintió enrojecer, pero poco le importó. Quería decirle adiós…
-Está bien, gracias señora Green. Nos vemos.-dijo, resignadamente, y salió del edificio.-Sí, claro…-murmuró, dando la vuelta.
Comenzó a correr hasta encontrar la ventana de la habitación de Jenn, y tuvo que ponerse en puntas de pie para echar un vistazo.
Efectivamente, la chica dormía, de lado, podía ver su cabellera rubia cayendo como una cascada sobre las sábanas…
De repente, no quería despertarla, la dejó descansar un poco. Estuvo unos minutos observándola, hasta que se dio cuenta de que estaba corto de tiempo.
Con dificultad apartó la vista de ella y salió corriendo rumbo a la casa de Johnny.
Esta vez fue mucho más molesto. Tuvo que regresar a su casa, tomar su bicicleta, e ir tan rápido que los conductores le gritaran blasfemias.
La casa de su mejor amigo estaba a casi doce manzanas de la suya, por lo que no podía ir corriendo.
Iba tan rápido que casi no pudo frenar, ya estaba preparado para recibir la caída contra el suelo, pero se salvó en el último momento.
Dejó la bicicleta en el suelo y tocó la puerta de la casa de Jonathan y tocó el timbre.
Nadie respondió.
Volvió a tocarlo, impacientándose, y balanceándose sobre los talones.
Pasaron diez minutos, nadie abría.
Se desesperó, era obvio que no había nadie. Golpeó la puerta inútilmente.
-Por Dios, no voy a verlos jamás, quiero despedirme y ellos no están. Qué grandes amigos.-murmuró, entre dientes, dando la vuelta hacia el jardín.
Su amigo tenía una piscina, y una parrilla cerca de ahí. Siempre le había gustado la casa de Johnny…pero vacía prácticamente daba miedo.
En ese momento lo recordó, ese domingo el joven se quedaba en lo de sus tíos, junto con sus padres… ¿Cómo podía ser tan olvidadizo?
-Genial…-murmuró, con las manos en los bolsillos.
Se debatía entre volver y esperar la eminente llegada de Diana…o quedarse allí, salir de la ciudad, escapar…
La última idea era tentadora.
Volteó la vista y vio una bufanda roja en el suelo. Erick se sorprendió, era la favorita de Johnny, siempre la llevaba puesta incluso hicieras 38º de calor…Qué extraño que estuviera ahí.
La recogió con delicadeza y se la colocó alrededor del cuello, después de todo, necesitaba algo para recordarlo.
-Algo para recordarlo…-repitió, mentalmente.-Entonces ya está hecho, me voy…
Suspiró mientras tomaba su bicicleta, y echaba una última mirada a su mundo…

-Ya regresé.-dijo Diana, con una sonrisa. Media hora después del último hecho- Philippe no está en ningún lado, estás completamente a salvo. Ya está del otro lado.-hablaba agitadamente, por lo visto estaba cansada. Erick, sin embargo, estaba recostado de largo a largo en su cama con los ojos abiertos.- ¿Erick?
-¿Hmm?-murmuró, mirando el techo.
Diana suspiró y se sentó junto a él.
-Tengo que admitir que…he estado pensando mucho y…y…-parecía que no encontraba las palabras adecuadas.-Y no quiero que vengas.
Erick abrió desmesuradamente los ojos, sin comprender.
-¿Te chocaste contra un árbol o algo así? ¿Cómo que no quieres que vaya?
-No quiero que vayas obligado.-corrigió, sintiéndose culpable.-No quiero que vayas porque yo te lo digo, no quiero que vayas como rehén…Me gustaría que entiendas la gravedad del asunto y que quieras hacer justicia tú mismo…No me gustaría alejarte de todos tus seres queridos por una causa perdida…
-Espera.-dijo Erick, deteniendo su monólogo.-Yo también estuve pensando y…tú tienes razón. Fui egoísta, todos los que amas sufren y son esclavos de un loco tirano…-miró los ojos morados de la joven.-Me gustaría cambiar eso…
Ella le sonrió.
-No volverás a ver a tu familia, ni a tus amigos…
-¿Crees que no lo sé? Es lo único en lo que he estado pensando todo el día.
-No me gustaría tener remordimientos. Y menos hacer tu vida miserable. Así que te lo preguntaré una sola vez… ¿Quieres venir conmigo a Kandor?
Esta vez era completamente diferente a cualquier otra, tenía libertad, y hasta la voz de Diana se notaba más cálida.
-Sí.-afirmó Erick, intentando sonar seguro.
Diana le sonrió y le extendió una mano.
El joven entrelazó sus dedos con los del hada mientras se levantaba de la cama.
Ambos se acercaron a la pared blanca y desnuda, al portal…
-Es muy importante que pacemos al mismo tiempo. Así que será a las tres, ¿Listo?
Erick tragó saliva, y dio una última mirada hacia atrás.
-Listo…
-Uno…
Cerró los ojos.
-Dos…
Sintió que Diana apretaba su mano.
-Tres…
Dieron sólo un paso al mismo tiempo, antes de sentir como una ráfaga de viento le alborotaba el cabello, antes de oír el “llegamos” saliendo de los labios de Diana.
Y antes de que ante sus ojos se apareciera un nuevo mundo…
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The new hero...

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